lunes, 12 de mayo de 2025

Mírame

 

Mírame 

El paso de los años se ha hecho evidente,

No hay reposo en mi mente.

Veo las grietas del dolor en mi frente 

Y tu memoria, que no es ausente 

Se posa por los patios de mi mente.

Los surcos de mi rostro,

Me han hecho un monstruo.

La sonrisa torcida, 

Como la alegría ida, 

Desgracia no escogida, 

No hay refugio que a mi corazón de acogida. 

Las venas brotan, 

Mientras los recuerdos se desbordan. 

No hay tregua, en medio de esta zozobra. 

Vaya acontecimiento, 

el nacimiento.

Eras la obra, 

La obra perfecta, 

Iba en  fina recta, 

Mi alma no se recobra,

Ahora la ausencia, cara, me la cobra.


Mira, 

Mírame, 

Aquí postrado, 

Entre el tumulto, 

Tan solo un bulto, 

Ni la austeridad me resalta, 

La angustia no falta, 

La desdicha sobresalta. 

Sonrisa que resalta.

A mi esperanza asalta. 

Vete, 

Solo a ti miéntete, 

A mí corazón ya no lo aprietes, 

No mereces lo que sientes.

Pues aunque me pierdes, 

Te pierdes, 

Naufragas, 

A gusto, 

En las mentiras que tragas, 

Tan solo por el susto, 

De creer en lo justo. 

miércoles, 12 de junio de 2024

Mirarte, Arte

 Mirarte


Tan solo un instante, 

tan solo un segundo. 

Tan solo mirarte, 

Yo, 

tan solo, 

que solo quiero mirarte, 

a ti, 

con tus grandes ojos castaños, 

que los he visto y se me han olvidado los años, 

tan solo un instante, 

tan solo mirarte. 

Desde Venus hasta Marte, 

de reojo, mirándote.

Con tus llanuras, montañas y escotaduras, 

con la sonrisa que aniquila dictaduras. 


Mirarte, 

Tan solo un instante, 

tan solo un segundo, 

Tan solo mirarte, 

obra de arte, 

que llora, 

que respira, 

que implora, 

belleza que no expira. 


Mirarte

Tan solo un instante, 

tan solo un segundo. 

Tan solo mirarte, 

Yo, tan solo, que solo quiero mirarte, 

a ti, con tus grandes ojos castaños, 

tu sonrisa endiablada, 

tu boca santificada, 

con mi lengua arrebatada. 

Quiero mirarte, 

a ti, 

con tus grandes ojos castaños, 

con tu piel lunar, 

poderte ver y a la vida amar. 

Poderte ver, sin tanto pestañear, 

sin titubear, sin agonizar. 

Quiero verte, 

Quiero mirarte, 

ARTE, 

Quiero verte, 

Quiero mirarte, 

suspirarte, 

comerte y desearte, 

ARTE, 

anhelarte y quizás amarte. 

Arte, 

déjame verte.


Yo, 

tan solo, 

que solo quiero mirarte, 

a ti, 

con tus grandes ojos castaños, 

que los he visto y se me han olvidado los años, 

tan solo un instante, 

tan solo mirarte. 


Déjame verte,

Déjame mirarte,

Déjame ser ARTE entre tus pechos, Arte.


lunes, 29 de abril de 2024

Eras tú

 Poesía 


No entiendo la poesía,

No la leo

Ni la siento,

Ella con disimulo decía, 

Mientras a mi alma 

daba una caricia. 


Con recelo a sus ojos miraba, 

El anhelo de un sueño suspiraba. 


Su piel se mezclaba, entre la mía, 

Entre la suya y entre la nuestra;

Su boca dulce cortaba la amargura

Que con tanto esfuerzo guardaba mi armadura. 


Desnudo me encontró, 

Bajo el hechizo de Cupido me miró. 

¿Qué?

Replicó, 

¿Qué? ¿Qué sucede?

Exclamó, 

Reclamó ante mi alma en pena, 

No entendía acaso ella, 

Que con tristeza miraba mi cena. 

Porque una vez el plato ha sido servido, 

Será consumido, y el exhaustivo entusiasmo, 

Pronto me hará quedar como un asno. 


¿Qué?

Replicó, 

¿Qué? ¿Qué sucede?

Nuevamente, 

Exclamó. 

Bajo mis brazos yacía, 

El silencio alborotaba mi coartada. 

El disimulo de mis intenciones vacilaba, 

La llamarada se apagaba. 

Un dos tres cuatro, 

Con agonía latía, 

Un dos tres cuatro, 

Ya ni sabía que sentía. 

Un dos tres cuatro,

Mis manos en sus caderas se enclavaron, 

Mis venas brotaron 

Y entre sus muslos mi cara se zambulló. 

Por un momento, 

El miedo huyó. 

Sin lamento, 

Mi lengua recorrió el lenguaje de su piel. 

Una pizca de dolor condimentaba la agonía de su oscuridad. 

Entre los gemidos y azotes una gota de claridad, 

Emergía bajo la superficie

De la soledad de sus arrecifes. 


Bajo las décadas de soledad, 

En sus pechos encontré la piedad. 

Por un segundo, no tuve edad. 


Mi prosa, 

Mi soledad hermosa, 

Mi agobiada alma pecaminosa, 

Rugía con el vaivén divino, 

De sus manos sobre mi piel. 

Era quizás su sabor a miel 

O el fallido deseo de serle fiel

Que a mi carne hacía sobre exaltarme. 

Porque su olor, 

Preparaba mi futuro con dolor, 

Porque le viento, lo primero que se lleva, 

Es el olor, el recuerdo de una sensación, 

Tan sublime, tan indeleble, 

Tan entendible y a la vez, tan desagradable. 


Qué?

Replicó, 

¿Qué? ¿Qué sucede?

Nuevamente, 

Exclamó. 

Sus tiernos ojos color café parecían arder, 

Aveces miel, aveces espresso, otras ámbar,  

Ponían a mi mente a andar;

Se detenían bajo mi observar, 

Enmarcados en el eterno desear, 


Qué?

Replicó, 

¿Qué? ¿Qué sucede?

Nuevamente, 

Exclamó. 

Y bajo el silencio de la sentenciante pregunta, 

Omitiendo todo aquello que por un segundo sentí, 

Con el enorme valor que me atontaba, respondí:


Nada. 




lhp


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